De Santiago de Chile 2 de febrero de 1936.
¡Viva María Santísima!
¡Almas y Almas!
A la buena Mamá de nuestros queridos pobres,
¡Aquí estoy escribiéndole de Chile, de las playas del Océano Pacífico! Antes que todo: ¡Deo gratias! Espero que también esta carta la encontrará con buena salud, y que aquel gran frio y mal tiempo de Génova haya pasado. Como le he prometido, vengo a darle mis noticias que, gracias a Dios, son buenas. Desde Mendoza a Santiago lo he hecho por vía aérea sobrevolando los Andes a 5.000 metros de altura sin sufrir nada, es verdad que era la primera vez que andaba en avión, en algún momento he utilizado un poco de oxígeno, más por preocupación que por necesidad.
Regresaré a la Argentina en avión haciendo la misma línea.
Todos acá se maravillan por mi coraje, pero viajo por el Señor, trabajo por el Señor, trato de ahorrar tiempo para trabajar de más por las almas y por la gloria de Dios. ¡Estoy en las manos del Señor! Tengo tantas almas que rezan por mí.
Pienso que dentro de no mucho años, cuando el viajar en avión no costará tanto, será bueno que siempre los Hijos de la Divina Providencia, para ahorrar tiempo y trabajar más, tomen el avión. Y también nuestras Hermanas, ¡y Sor María Eustella!
¿Qué me dice Usted Sra. Queirolo? Y cuando la Divina Providencia nos donará un avión, llevaremos a nuestros buenos abuelitos y abuelitas de paseo en avión; ¡ piense un poco! Es un lujo que hasta aquí no lo han tenido ni siquiera los príncipes, andar de paseo a 4 ó 5 mil metros de altura. Y nosotros dos, Señora Queirolo, cuando después estemos en el Paraíso, abriremos las ventanillas, y diremos: ¡hey hey! atentos a no asomarse demasiado afuera, sean prudentes, y, si no están bien seguros, ¡no demasiado alto! porqué hay vuelos demasiados altos y repentinos y como dice el proverbio acostumbran los precipicios a estar vecinos.
Ahora, bromas a parte, le diré que la Divina Providencia parece querer abrir, también aquí, el Pequeño Cottolengo, un Cottolengo Chileno. Me ha llamado acá el Arzobispo, y ya tenemos una casa en esta capital, en el centro. Mañana iré a Valparaíso y allá la Divina Providencia me dará otra casa. Una será para las hermanas. También en Mendoza pondré nuestras hermanas en una hermosa casa, muy apta para hacer el bien.
Regresaré pronto a Argentina, e iré a recibir las seis hermanas que parten de allí en estos días.
Las casas aquí las abriré antes de mi partida a Italia, así espero, con la ayuda divina.
¡Oh cuanto bien hay que hacer! ¡ Cuán basto el campo de trabajo! ¡Cómo me recrimino de ser viejo y que me queda poco tiempo para amar a Dios y salvar almas! ¡Oh hubiera trabajado! De mis buenas noticias a Don Sciaccaluga y a la superiora: He escrito de aquí a Do Sterpi por avión, pero no se si habrá tiempo para escribir a todos, - porqué el trabajo se va verdaderamente multiplicando, y después siento que la vida es breve, y debo trabajar más, para no encontrarme delante del Señor con las manos vacías.
El 16 de este mes quisiera ya estar en Mar del Plata, ( Argentina) para la fiesta de los pescadores italianos; nosotros le enseñamos a más de 300 hijos de pescadores, niños solamente,- después son otras tantas y más niñas que están en la escuela con las Hermanas de Madre Michel.
Pronto inauguraremos también el nuevo campanario de nuestra nueva iglesia de San José, porqué en Mar del Plata nosotros tenemos dos casas, con sus iglesias, que hacen de Parroquia.
Apuesto que si la Señora Queirolo fuese un poco más joven, sintiendo tanto bien por hacer, no me diría de ir a Italia, donde los sacerdotes se tocan, y terminan muchas veces murmurando entre ellos y riñiendo, mas vendría usted acá a ayudarme ¿ no es verdad?
Mas yo vuelo, vuelo, corro un poco para acá y un poco para allá, pero después voy a Italia, e iremos juntos al Pequeño Cottolengo; donde nuestros queridos pobres, que son el verdadero tesoro de Jesucristo y de la Santa Iglesia: y aquellos que nos abren la puerta del Paraíso.
Después , me dejaran volver aquí; el bien que con la ayuda de Dios, haré aquí, es en parte también de mis primeros Benefactores de allá y de la Mamá del Pequeño Cottolengo Genovés.
Le bendigo tanto, pero tanto: bendigo a sus nietos, a Sor María Eustella, a las Hermanas, a los pobres, a todos, ¡a todos a todos!
Recen por el pobre
Don Orione d. Div. Pr.
Le ruego la hoja adjunta a D. Sciaccaluga: he tenido tiempo de escribirle.
El me puede escribir siempre a la Argentina
Abro un Colegio para niños en Rosario, la segunda ciudad de la Argentina y otro en San Fernando. El domingo pasado hemos tomado el santuario de Itatí, donde van tantos Indios. ¡Recen! ¡Que la Santísima Virgen nos asista!