lunes, 21 de julio de 2014

Don Orione estaba feliz de aquel ofrecimiento, aunque de proporciones modesta, porque quería mucho a Chile y anhelaba afianzarse con algunas obras especificas –el pequeño Cottolengo- entre cordillera y mar. Aunque su corazón estuviese cansado, se sentía lleno de ardor por las almas, pero escuchemos a él, <<Santiago de Chile, 31 de enero de 1936. He telegrafiado a Buenos Aires ayer no pude hacerlo por cuanto no tuve tiempo suficiente para sacar la planta Chilena que la insigne bienhechora Argentina había depositado en en mi cuenta en un banco de aquí. Ha sido una verdadera Providencia.
 Tendremos en Santiago una casa muy bella, con capilla ubicada en una de las calles principales del centro. La visite durante la mañana. Me acompaño la misma dueña venida expresamente desde Argentina para entregármelo, la están acondicionados los albañiles y ella corre con todos los gastos.
La casa no es muy grande pero muy apta para hacer el bien. Esta ya amoblada. Espero entregarla a nuestras religiosas. Pasado mañana iré a Valparaíso y rezare la santa misa en una casa que nos será donada, cerca de Valparaíso, y esa quedara para los niños.
 En Italia somos demasiados. Acá los sacerdotes son pocos y el trabajo es harto. También para salvar la fe, asechada por los protestantes.
No sé, si alcanzare a ir enseguida a Perú. Me parece difícil. Deberé ciertamente volver acá antes de retornar a Italia –si así agradara al Señor- entonces iré también a Lima.

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